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TEXTO GCH
Acerca de los primeros
ya sepultados
y ahora vueltos a la luz
dos años de Galería Chilena (GCH)
por Diego Fernández
Hace poco fui invitado a hablar sobre ?Galería Chilena
a la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Hay al menos una cosa que
no cambia desde el tiempo en que yo asistía a una escuela de arte: los
alumnos de las escuelas de arte chilenas no tienen el don de la pregunta (un
síntoma terrible cuyas raíces recién empiezan a ser desenterradas)
y, terminado mi audiovisual monólogo, el único que se atrevió
a romper el hielo propuesto por mi apertura hacia las posibles preguntas del
público fue Gonzalo Arqueros; él es una especie de crítico
cultural, y digo "una especie" con cero ánimo de desprestigio,
cero desdén, sólo porque desconozco su verdadero título
(el que él se da a sí mismo, que sería para mí "el
verdadero”) y me parece que, así como a él le resulta difícil
evitar una lectura irónica de la postura de una iniciativa como ?GCH
dentro de nuestro pequeño y atrofiado circuito cultural, a mí
no puede más que desconcertarme el título; de todos modos, por
lo menos, Arqueros debe ser un "observador cultural" ("analista
de coyunturas”?).
Lo primero que él dijo fue que, en vez de preguntarme por GCH, sus artistas
y eventos, tendería a preguntarme qué música me gusta y
cómo es mi pieza o cosas así. Dijo que GCH no era sino una colección
de anécdotas y situaciones cuasi-performáticas, donde los artistas
y obras presentados prácticamente desaparecen, se hacen transparentes,
o se ven poco importantes detrás del despliegue de parafernalia galerística,
y donde los verdaderos protagonistas son los organizadores, en una gran y multiplicada
obra que se va construyendo a medida que se desplaza, y que sólo ocasionalmente
deja ver el desempeño de sus invitados.
Yo creo que tiene razón, eso ocurre... sí… pero también
no. Si y no.
Es verdad que aquí la verdadera “novedad” no son los artistas
—porque artistas siempre hay (y aunque no siempre sabe uno a qué
se enfrentar· en una galería, se sabe que la galería va
a estar ahí, eso es lo que no cambia -quizás esa seguridad de
que la galería no cambia genera un espacio de calma propicio a la contemplación
de "lo nuevo" en su interior); bueno, en el caso de Galería
Chilena es precisamente ella la que más se mueve, la galería es
la sorpresa mayor, y no sólo por la utilización de un determinado
espacio físico y la adaptación de las obras a él y viceversa
que su funcionar nómade implica, sino por el espectáculo mismo
de la adaptación: "El show del empuje".
Espero que sea cierto que, como en la "gran obra" que Arqueros señala, todos los factores implicados en este proyecto confluyan en algún punto, y entonces incluso nuestro de vez en cuando dubitativo y quebradizo criterio curatorial pueda ser definitorio en el antes mencionado efecto de desaparición de artistas, porque hemos elegido artistas cuya intención de lograr una cierta continuidad curricular se ve, y sus obras pueden hilarse como cuentas en un collar (no todas iguales pero todas en un mismo collar), lo que es bueno para el artista y su obra, en un sentido bastante opuesto al de la variabilidad de la galería. Los artistas que han trabajado con GCH sabían que el presupuesto, la difusión y la final repercusión de sus exposiciones, potencialmente, dependía tanto de ellos como de nosotros; serían cómplices de su propia supuesta desaparición, víctimas del entusiasmo.
Los lugares donde hemos puesto nuestra tienda también dicen relación
con decisiones que están más allá de la anécdota
e incluso más allá de la estricta funcionalidad; más allá
de la simple accesibilidad y de la obvia necesidad de que las obras queden apropiadamente
instaladas en el interior de un local. Si la galería es nómade,
entonces hay lugares y lugares. La ciudad y sus redes de todo tipo dan pie a
distintas puestas en escena, y de pronto es la ciudad misma la que se pone en
escena: por qué un avión aterrizó forzosamente en el corazón
de General Holley? Que hace un hombre encerrado en un televisor en Plaza Brasil?
Por qué Vitacura es violenta y silenciosa?
A veces el lugar llegó antes que el artista, a veces fue al revés.
La suerte es gran influencia en las iniciativas de auto-gestión, eso
es verdad, pero también es verdad que "la suerte" es algo que
se puede proyectar, algo que puede depender de las relaciones sociales o de
la capacidad para negociar, la diplomacia… o factores aún más
dispersos e inexplicables, estereotipias de toda laya. En gran parte, la relación
de GCH-empresa (Fernández Mujica Villablanca Limitada) con sus congéneres
estuvo dada por la creación, ni tan ficticia, ni tan irónica,
de un estilo comunicacional propio de empresa, un set de empresa basado en nimiedades
que en algún punto parecen absurdas, papelería, ese tipo de cosas,
pero que en el fondo son la clave para el resultado que se busca: el auspicio
del "mundo real" para GCH: una empresa que existe en el mundo de las
empresas pero que se desarrolla en un mundo ilusionado y altruista, de actitudes
que los verdaderos empresarios ven como heroicas y de las que están extrañanmente
deseosos de participar, guiados incluso por una deformada caridad hacia los
necesitados (los artistas siempre aparecen primariamente "necesitados"),
por la conveniencia de verse relacionados con iniciativas jóvenes-alternativas-culturales
o talvez sólo para olvidarse un rato de que ellos ya no volverán
a ese mundo. Es una estrategia que he oído llamar "de camuflaje".
Transparenciación para los teóricos (dónde están?),
para nosotros una movida de supervivencia, respetuosa del capitalista pero atenta
a sus flaquezas.
Y es lo desigual de esta lucha lo que hace que la hace parecer tan irónica.
Sí, es verdad que GCH es una gran obra en gestación, pero los
tres que firman por ella no son los únicos autores. Todos los pasajeros
y estaciones del proyecto significan nuevas páginas para "el gran
libro" que algún día ha de ser publicado; hermosas páginas
en colores que mostrarán diseño gráfico, diseño
de producción, diseño curatorial, diseño de montaje, montones
de diseños, situaciones, pistas sociológicas para una posterior
ordenación del panorama cultural, o del panorama urbano, o del panorama
social, y entonces puede que sea al revés que lo que dijo Arqueros: talvez
sean todas esas situaciones las que en la historia desaparezcan tras los artistas,
sus mensajes y las relaciones que a partir de ellos podamos elaborar.